Karate okinawense…?

Acaso existe otro????

Solemos escuchar a ciertos imprudentes hablar de Karate Japonés vs Karate Okinawense, como si existieran versiones geográficas de distinta alcurnia de este noble arte de combate.

TODO el Karate proviene de Okinawa. Fue en esta pequeña región del Mar de China, donde nació y se desarrolló el primitivo arte de combate llamado TE hasta esta actividad que, ya hizo su debut en las Olimpíadas de Tokyo 2020.

Las influencias que otros sistemas de combate tuvieron sobre el TE, provienen de varios de los puertos con que Okinawa comerciaba. Sin lugar a dudas China fue una de sus fuentes primordiales, pero también Corea, Tailandia, Malasia, etc.

Se requirieron varios cientos de años para que el desarrollo de este arte comenzara a tomar forma, separándose de los sistemas chinos, que a mediados del siglo XV tuvieron fuerte presencia en la aldea de Kume, hasta finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, y se comprendiera la calidad del sistema como herramienta educativa.

Fueron Urasoe Chōchū (1847-1908) y Anko Itosu quienes, desde diferentes perspectivas, comprendieron tempranamente la importancia de llevar el Karate, Kute, Tote o simplemente TE a las escuelas o a grupos mayores y popularizarlo más allá de los clanes familiares o de los conjuntos muy reducidos, donde un solo maestro enseñaba distintas habilidades a no más de dos o tres estudiantes de familias acomodadas.

Urasoe Chōchū fue el jefe de la familia Urasoe (Urasoe Udun[1]), miembro de la antigua realeza de Ryukyu y partidario de la facción okinawense que creía en conservar las tradiciones de la isla por sobre las costumbres japonesas, el partido de los “obstinados”. Él debió exiliarse en China en 1884 debido a su férrea postura contra la reforma Meiji, junto a varios otros nobles uchinanchus, varios de ellos vinculados al TE.

Lista de exiliados a China de 1884 o Dasshin-jin dónde figura el nombre del “magistrado de 37 años de la aldea de Tōbaru, Shuri, Urasoe Chōchū”.

Como director de la Urasoe Udun, había logrado establecer una escuela privada donde además de los clásicos chinos, se enseñaba a los jóvenes TOTE, años antes que Itosu Ankō lograra introducirlo a las escuelas formales en 1902.

Chōchū fue el hermano mayor de Yoshimura Chomei, quien más tarde también terminaría exiliándose. Chomei, a su vez, fue el padre de Yoshimura Chogi, alumno de dos conocidísimos maestros: Higashionna Kanryo y Matsumura Sokon.

El periódico local Ryukyu Shinpo del 13 de junio de 1898, en un artículo de sutil tinte político, cuenta como el Partido Obstinado, dándose cuenta de la “necesidad de educación” de los jóvenes, reunió en la casa del señor Urasoe Chōchū en Tobaru-cho, Shuri, a escolares de 7 y 8 años para enseñarles los clásicos chinos, aritmética, caligrafía y: “…el karate o Todi, ¿un jujutsu al estilo chino?”. Observen el tono de pregunta irónica del periódico, que entonces se alineaba claramente con el Partido de la Iluminación.

La nota periodística en todo momento intenta desprestigiar la propuesta restándole importancia y relativizándola, pero no logra ocultar lo novedoso de la propuesta que, pese a venir de: “…dos o tres profesores de dudoso origen…”, logran interesar a: “…50 o 60 alumnos.”

Chōchū, en tiempos de esta nota, ya residía en Fukien, pero su sobrino menor Yoshimura Chōgi, único varón del clan Urasoe en Okinawa, quedó a cargo de sostener la tradición escolar. Es importante hacer notar que el maestro elegido por Chōgi para enseñar TOTE a los niños locales, y a los que los periodistas en la nota, restan importancia, era Higashionna Kanryo.

Sin embargo, lo más novedoso para la época era que estas actividades no estaban reservadas sólo para niños de la clase alta, sino que: “…todos los niños obtienen admisión independientemente de su genealogía.”

Lo relevante para nuestro relato es que la familia Urasoe, a través de uno de sus más influyentes miembros, Urasoe Chōchū, un Aji del reino de Ryukyu, hijo adoptivo del príncipe Urasoe Chōki, regente del reino entre 1848 y 1879, abrió una especie de escuela privada gratuita para todos los niños con intenciones de ayudarlos en su formación y usó el TOTE por primera vez en forma abierta y organizada como estrategia pedagógica, y lo hizo veinte años antes que Anko Itosu lo introdujera en las escuelas de Shuri.

Años después, varios de los niños allí formados, más los educados en las escuelas públicas, se volvieron maestros y viajaron al Japón para presentar su arte en los ámbitos universitarios de Tokyo, Osaka y Kyoto, como un producto totalmente original de la isla de Okinawa.

Entonces, hablar de karate japonés vs karate okinawense es tan absurdo como hablar de karate argentino, karate uruguayo, karate polaco o karate ruso, en tanto nos estemos refiriendo al origen y no a la geografía donde se practica.

Lamentablemente, todos sabemos, que quienes hacen esta distinción están denostando implícitamente al resto que no pertenece a dicho círculo. Cuando se jactan de practicar algún tipo de karate japonés, no se están refiriendo a que viajan a Tokyo lunes, miércoles y viernes a entrenar dos horas y vuelven a sus casas en el Bajo Belgrano. No!, están pretendiendo algo que simplemente no existe, ser los dueños de una verdad absoluta sobre lo que es o deja de ser el KARATE DO.

Para el resto, quienes practicamos con amor esta actividad de belleza sin igual, debería sonarnos a petulante ignorancia que nos segmenten por nuestro “Karate japonés” o nuestro “Karate okinawense”.

TODO el karatedo es okinawense. Todo el Karate nació en Okinawa.

Es cierto que existen sutiles diferencias entre el karate que se practica en Japón respecto al que se aprende en la isla, pero son las mismas diferencias que pueden hallarse entre el karate de USA y Rusia, Argentina y Emiratos Árabes o cualquier par de Estados culturalmente diferentes. No es el karate lo que difiere, sino la cultura que lo asimiló, adoptó y grabó con su impronta.

La práctica del Karate, Tote, Kute o simplemente TE, se daba en algunas aldeas de la pequeña isla de Okinawa, anexada a Japón en 1876. Sus variaciones, protocolos e incluso tecnicismos pertenecen claramente a la idiosincrasia de los isleños quienes hablaban un dialecto llamado okinaguchi y que durante siglos admiraron la cultura China. Los Uchinanchus sumaron distintos métodos de lucha, haciendo luego su interpretación personal.

Es cierto que desde Japón, el karate se difundió masivamente al mundo después de la Segunda Guerra. Pero quienes lo llevaron a Japón a finales de los años ´20, fueron todos maestros okinawenses.

En aquellas épocas, sólo los hijos de la nobleza Uchinanchu y algunos afortunados descendientes de comerciantes poderosos, hablaban y escribían japonés con fluidez, de modo que al viajar al Japón, lograban disimular su origen. La fuerte cultura nacionalista que imperó durante las era Meiji (23/10/1868 – 30/07/1912), la era Taisho (30/07/1912 – 25/12/1926) y parte de la era Showa, hasta el final de la Guerra del Pacífico, condenaba a los pobladores de Okinawa a una ciudadanía de segunda clase, los uchinanchus eran vistos como campesinos incultos y torpes por las elites japonesas.

No obstante, el TOTE, o como lo conocemos hoy en día: KarateDo, fue introducido por dos hombres estrechamente vinculados a la herencia de Okinawa. El primero fue Funakoshi Gichin, maestro de escuela, de familia de clase alta pero empobrecida y poco después, Miyagi Chojun, hijo mayor de comerciantes navieros.

Repito, por si aún los imprudentes siguen allí, Funakoshi era okinawense, hijo de un practicante de bojutsu okinawense algo asiduo al awamori, (fuerte bebida okinawense) y nieto de Gifuko, erudito confusionista que enseñaba en el palacio de Shuri, capital de Okinawa. Aprendió TE de Asato e Itosu, que también eran okinawenses, y tuvo la suerte de estudiar el idioma y la caligrafía japonesa al graduarse como maestro… en Okinawa.

Pese a que el padre de Gichin Funakoshi había despilfarrado las riquezas ganadas por Gifuko, estos seguían perteneciendo a una familia de la clase Shizoku, y esto no es menor ya que, junto con su perfecta pronunciación del japonés, allanó el camino del fundador del noble estilo Shotokan en el centro del Imperio del Sol Naciente. Sin embargo se oponía al Kumite libre y mucho más a la competencia.

Algunos practicantes modernos de Shotokan, debieran relajarse un poco más en su fascinación por vincular sus torneos a la “tradición”.

Por último y para que mi punto se sustente por sí solo, cito el prefacio del libro de Funakoshi, Karate-Do, Mi Camino:

Hace casi cuatro décadas que me propuse realizar lo que ahora considero un programa enormemente ambicioso: introducir entre el gran público japonés el complejo arte de Okinawa, o deporte, que ha venido a llamarse Karate-Do, ‘el camino del karate’.”. (Funakoshi Gichin, Karate-Do mi camino, Ed. Kodansha Internacional ltd., Tokio – Japón).

De Miyagi Chojun sensei hablo extensamente en mi libro Historia del Karate y notas publicadas en http://www.jundokan.com.ar por lo que obviaré más comentarios.

Entonces amigos, no existe un KARATEDO que no sea de origen okinawense. No existen un karate de primera y un karate de segunda, existe el KARATE, y luego quizás, karatekas buenos y karatekas malos, pero esa será otra discusión.

Lamento que quienes piensen distinto prefieran ignorar los hechos. Pero más lamento que aquellos que comprenden lo que digo, sigan atrapados en una burbuja de falsas premisas de difícil justificación.

¿Instituciones donde se venden graduaciones de cualquier estilo pero solo podes participar de igual a igual si haces “karate japonés”? ¿Instituciones donde la falacia ya queda advertida desde su nombre? ¿Instituciones donde el 90% de los integrantes jamás han leído el reglamento de competencia, ni que decir el Estatuto? ¿Instituciones donde el mismo personaje se repite por décadas y décadas y sin su aprobación, nada es posible? ¿Instituciones donde los dirigentes viajan gratis pero los deportistas pagan?

Para todo el resto que ama el Karate, sea este Shotokan, Shorin Ryu, Goju Ryu o Uechi Ryu, etc., y que no permiten que los traten como “kelpers”, sépanlo: No están solos!. Somos los sostenedores de una tradición que surgió en una pequeña isla en el Pacífico y se difundió y evolucionó en el resto del mundo, volviendo a Okinawa muchas veces, mejor de cómo había salido.

Sintamos el orgullo de hacer KARATE DO, sin diferenciarnos por su origen. Agrupémonos y discutamos el futuro del Karate Do, sin pedestales, los pedestales son para los héroes y los padres fundadores, y ninguno de ellos se subió al propio en vida (bueno… “ninguno” quizás es algo pretencioso).

Participemos en aquellas organizaciones provinciales, nacionales o internacionales inclusive, que nos respeten por ser parte de esta cultura universal de infinitas partes, tan valiosas ellas como la sumatoria utópica de sus partes. Pero no caigamos en la trampa del “yocentrismo” y de la estupidez de moda: “yo hago karate japonés”, “yo hago karate olímpico”, “yo hago karate oficial”, etc, etc, etc. Tamaña zoncera solo existe en las mentes limitadas de unos pocos que, por suerte, ya se están retirando.

El valor de lo que hacemos está en la pasión que le ponemos, en lo que sacrificamos para hacerlo y en el compromiso que demostramos frente a nosotros mismos.

El Dojo lo sabe en el preciso momento en que tu sudor golpea con un silencio estrepitoso su suelo. No al declamarlo, cuando ENTRENAS y lo haces con pasión.

Lic. Pablo E. Scurzi


Bibliografía

Funakoshi Gichin, KarateDo, Mi Camino

Motobu Naoki Blog: https://ameblo.jp/motoburyu/entry-12708898627.html

Jundokan Argentina Blog: http://jundokan.com.ar/historia2-okinawa-te/

Jundokan Argentina Blog: http://jundokan.com.ar/kanryo-higaonna-una-historia-no-lineal/

[1] Urasoe Udun: rama de la familia real Ryukyu originaria de Shō Zu, también conocido como Príncipe Urasoe Chō-ō (1762 – 1797), el segundo hijo del Rey Shō Boku.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.