Tokio Katana

Cuento de Ada Gallardo Ilustraciones de Nicolás Cheves

I

El pequeño dojo

Era primavera. Desde el ventanal de su dormitorio Eiki contempló el  parque con los cerezos en flor y más allá la cúpula del edificio imponente del Budokan. Su segundo hogar.

El joven vivía con su familia en una mansión enorme, en el corazón de Tokio. Su abuelo paterno la hizo construir sobre un terreno elevado con unas vistas hermosas. En el frente, cruzando la avenida se alzaba el antiguo castillo de Edo restaurado.

Su padre, Hiroshi Tokugawa, era el hombre más rico de la ciudad. Su fábrica de katanas era famosa en todo el país y en el extranjero.

Se puede decir que nada le faltaba a Eiki en la vida, excepto una cosa… estatura. Había nacido enano.  Al principio sus padres se apenaron, pero con el tiempo se sintieron orgullosos de él, ya que demostraba ser muy inteligente y hábil en todo lo que aprendía.

Hiroshi siempre estaba muy ocupado con sus negocios en Tokio y viajaba con frecuencia a sus sucursales en Osaka, Kioto y Okinawa, pero no por eso había descuidado las necesidades de su único hijo. Había delegado esta tarea en su hermano menor Kenji, que aún no se había casado y vivía con ellos.

Su tío, por el cual el muchacho sentía gran cariño y admiración, era profesor de Historia en la universidad. Por él sabía, desde la infancia, que su familia descendía de samurais del más alto linaje.

Desde entonces se obsesionó con la historia de estos formidables guerreros, los bushi, de tal modo que, si había alguien que sabía mucho sobre el tema, a pesar de tener solo 15 años, ese era Eiki.  

El joven profesor era además campeón de karate y kobudo y entrenó a su sobrino desde muy pequeño. En pocos años el niño pudo dominar a la perfección la katana, el arco y el bo, armas que su padre le hizo hacer a su medida.

Para su último cumpleaños su tío le hizo un regalo maravilloso. Una armadura samurai. Era un réplica casi exacta a escala, de una que había en el estudio en tamaño natural, herencia de los antepasados transmitida de generación en generación.

Si bien el budokán era el lugar de entrenamiento habitual de Eiki, con Kenji habían armado un pequeño dojo en el sótano de la casa. La habitación conservaba todavía las paredes originales en algunos sectores, lo cual le daba un ambiente especial, que evocaba tiempos ancestrales.

Este era un lugar fascinante para el muchacho. Su tío le había contado que allí, en niveles más bajos, todavía existían las mazmorras del castillo medieval.

II

La puerta secreta

Marzo del año 2019, el mes en que las flores de cerezo están en su apogeo. Eiki se apartó de la ventana. Era hora de estudiar para el examen que tenía al día siguiente, pero no se podía concentrar, así que optó por bajar al sótano.

Una vez allí se vistió con su traje de samurai.  Cuando terminó de colocárselo, con no poco trabajo, sacó del armario donde guardaba las armas, la pequeña catana para practicar.

En ese instante  se cortó la luz. La oscuridad era total, así que comenzó a buscar de la salida.

Mientras tanteaba las paredes para no tropezar dio con un reborde, parecía pertenecer a una puerta, pero no era la del sótano. No recordaba haberla visto antes. Trató de abrirla pero estaba trabada. Entonces se acordó que sobre esa pared Kenji había colgado, como decoración, una antigua llave que hallaron los trabajadores en la excavación antes de comenzar la construcción del sótano. 

Después de varios intentos fallidos al fin pudo abrirla. Oscuridad total. Dudó en atravesarla o esperar que volviera la luz. Lamentó no tener una linterna a mano. Finalmente su curiosidad pudo más y pasó al otro lado. XXX

Descendió un pequeño tramo de escalones de piedra, siempre pegado a la pared. Ante él apareció lo que parecía un pasillo. Una niebla densa lo inundaba. Al fondo se divisaba una luz mortecina. Avanzó casi a ciegas. Después sintió que se desvanecía y no supo más.

III

Una confusión

Despertó en el piso. Había perdido la noción del tiempo. Escuchó unas voces y pasos que se acercaban. Miró alrededor y se puso de pie. Una rata pasó corriendo a su lado y se metió en una cueva. Estaba en una celda  maloliente, cuya reja estaba abierta. Se preguntó si esa era una de las mazmorras de las que le había hablado su tío.

Dos hombres llegaron a la puerta. Portaban antorchas.

  • Deben ser los carceleros – pensó Eiki – estoy soñando.
  • ¿De dónde salió este enano? – le preguntó uno al otro.

Al principio el joven no entendió lo que decían. Sus voces eran guturales y cortantes. Hablaban japonés antiguo. Pero él tenía esa materia en la escuela.

  • Que sueño divertido, parece la edad media – se dijo.
  • ¿Quién eres tú, enano?, ¿de dónde vienes? ¿Qué haces con esa catana de juguete que tienes ahí? – le preguntó uno de ellos.
  • Yo te voy a mostrar lo que te puedo hacer con esta catana de juguete, imbécil – le contestó Eiki enojado.
  • Vamos a ver si eres tan valiente cuando te llevemos arriba – le dijeron.

Sin más palabras lo levantaron en vilo, uno de cada brazo, y subieron por una escalera hacia el patio de entrenamiento. Al llegar lo arrojaron sin miramientos sobre el piso de piedra. Sintió dolor. Entonces se percató de que no se trataba de un sueño. Los hombres que entrenaban en el lugar se reunieron alrededor de él.  

“¿Quién es el enano?” “¿De dónde sacó esa armadura y esa katana?”  “No puede ser un samurai” “¿Será un espía del clan Toyotomi”?. “Viene de Osaka seguro”. “Llevadlo a la cámara de tortura, el daimyo dará la orden de interrogarlo”.

Todos hablaban a la vez.

Estas y otras frases más alcanzó a distinguir Eiki en el barullo. Cuando escuchó la palabra tortura entró en pánico.

  • ¡¡¡Soy Eiki, hijo de Hiroshi Tokugawa, el dueño de la fábrica de katanas de Tokio!!!. – gritó desesperado.
  • Dice que es hijo de Tokugawa – comentaron entre ellos los que estaban más cerca y estallaron en fuertes risas.
  • Ja, ja, ja, ¿así que eres de la familia del Shogun?.

Los que estaban atrás no alcanzaban a escuchar y querían saber.

  • Quién es?, le escuchamos gritar su nombre pero desde aquí no se oye bien – preguntaron los más alejados.
  • Dice que es Tokio Katana o algo así.- llegó la respuesta tergiversada al fondo.

IV

Matsuraida

De pronto  un samurái se abrió paso hacia adelante. Les dijo que dejaran en paz al enano, con voz autoritaria.

– Es mi primo Tokio. Llegó anoche desde el castillo de Odawara.

Ante las preguntas de los guerreros les explicó que el joven era hijo de su tío Yorinobi Tokugawa casado con Kumiko del clan Okubo. Les aclaró que había venido a Edo para entrenar con ellos y que al recorrer el castillo se había perdido e ido a parar a las mazmorras.

Al ver las caras escépticas de sus compañeros, les dijo que le preguntaran a su tío, el Shogun… si se animaban.

Después de esto le indicó a Eiki que lo siguiera.

–  Mi familia vive en el ala norte del castillo, vamos para allá, mi nombre es Matsudaira, hijo del daimio Yüki Tokugawa, hermano del Hidetada, el yogún. Soy el más joven de los samurais. Ahora me vas a decir quién eres tú.

– No me vas a creer cuando te lo diga. Pero gracias por salvarme .

– Bueno, veremos si te creo. Te salvé porque te pareces mucho a mi primo Mitsusada, de Odawara, es increíble, así que algo de verdad debe haber en que eres un Tokugawa, es muy extraño, nunca te había visto antes.

Así, el joven le contó que su primo, hijo de un medio hermano del Shogun y de su padre, fue enviado, cuando era muy chico, al castillo de Odawara perteneciente al clan Okubo, su vasallo, porque su tío se avergonzaba de tener un enano en la familia.

Él tiene más o menos tu edad pero no es un guerrero – le comentó – en realidad es un experto en el arte de la escritura, sus poemas son hermosos.

Una vez  en la habitación de Matsudaira, éste escuchó atentamente la historia del muchacho y de cómo había aparecido en las mazmorras.

Tu relato es poco creíble. Si se lo cuentas a otros te acusarán de brujería. Sin embargo tu gran parecido a los Tokugawa, tu armadura y tu yelmo con el escudo de nuestro clan, tu aparición en el castillo sin que te vieran entrar…no sé…es todo muy raro.

  • ¿Entonces que harás? – le preguntó Eiki alarmado – ¿Me entregarás?
  • ¡¡¡Imposible!!! ¿Después de decir que eres mi primo? dirían que soy un tonto o un mentiroso, o tal vez algo peor, podrían creer que estoy conspirando contra mi tío y que tú eres mi cómplice.

Matsudaira llevó a Eiki al patio de entrenamiento. Si comprobaba que realmente era experto en el manejo de la katana y del arco y sabía luchar, creería su historia. Ya pensaría después como explicar su presencia a su padre y al Shogun.

De camino al lugar, el joven le dijo que, aunque sabía que no era su verdadero nombre, él lo llamaría Tokio. Le sonaba bien.

  • Así se llamará Edo algún día – le comentó  Eiki.

V

Aceptado

Cuando los guerreros vieron la destreza del muchacho con las armas y sus originales tácticas de lucha, después de vencer a sus contrincantes en el entrenamiento, no solo lo aceptaron sino que lo pasearon en andas por el patio.

  • Los samuráis verdaderos son más sociables que los de las películas- pensó Eiki.
  • ¿Qué época de la historia será ésta? – se preguntó – ¿Quizás el medioevo?

Pero se equivocaba. Esperó a estar a solas con Matsudaira para preguntarle y no generar sospechas. De este modo se enteró que era el año 1.614, mes de diciembre.

Sabía que era una fecha importante en la historia de Japón , pero no recordaba el motivo. Era importante  hacer memoria.

Cuando regresaron a la habitación de su amigo ya era de noche. El joven le dijo que esperara allí y se reunió con su familia a puerta cerrada. Largo rato después volvió con un atado de ropa.

  • Buenas nuevas – le dijo – he podido convencerlos con ciertas reservas. Vivirás con nosotros hasta que puedas volver a tu tiempo. Te traje ropa que me quedó chica, creo que te irá bien.
  • ¿Y qué pasará con el Shogun?
  • Hidegata es un hombre difícil. Pero nos presentaremos ante mi abuelo Ideyosi, él era el Shogun hasta que abdicó a favor de su hijo mayor, mi tío, y en realidad él es quién manda en realidad.

A la mañana siguiente los jóvenes se dirigieron otra vez al patio de entrenamiento. Matsudaira llevó a Eiki ante el daimio Kaori. Se lo presentó como Tokio Katana, su primo.

  • Ya me enterado sobre él. Llévalo ante la bugeishaAiko Himura, dile de mi parte que lo entrene con la naginata y el kaiken. Si es tan hábil como dicen aprenderá pronto.

VI

Eiki recuerda

Pasaron los días y los meses. El entrenamiento era intenso. Al llegar la noche el joven caía extenuado en un sueño profundo.

Una mañana al despertar vio que Matsudaira no estaba en la habitación. Supuso que se había quedado dormido, allí no había relojes. Pensó que su amigo había ido a entrenar temprano como era habitual.

Cuando llegó al patio estaba vacío.

  • ¿Dónde están todos? – le preguntó a un guardia.
  • En la armería y en las caballerizas – le respondió..

En la armería algunos preparaban flechas para los arcos. Otros afilaban sus catanas y acondicionaban sus escudos o reparaban sus lanzas. La actividad era febril. Todos estaban concentrados en sus tareas con gesto adusto. Su amigo no estaba allí.

Corrió a las caballerizas en su busca. Al entrar lo encontró al lado de su caballo de guerra.

  • ¿Qué pasa? ¿Qué están haciendo? ¿estos preparativos son parte del entrenamiento? ¿O es un simulacro? – le preguntó al joven alarmado.
  • No sé que es un simulacro. Esta madrugada recibimos la orden de prepararnos  para partir a la guerra. Intenté despertarte pero no pude, estabas profundamente dormido y no podía demorarme. Supongo que Kaori te designará para la defensa del castillo.

De pronto Eiki recordó lo que había pasado en diciembre de 1614. El ejército de samurais al frente de Hideyosi Tokugawa marchó a a luchar contra el clan Toyotomi, en Osaka. Sitió la ciudad y la contienda terminó con la rendición del enemigo en junio de 1615.

  • ¡¡¡Quiero ir!!! – gritó Eiki – ¡¡¡Por favor , habla con el daimyo, o con tu abuelo si es necesario, no quiero perderme esto, es la mayor ilusión de mi vida!

Matsudaira pensó un momento. Luego le explicó ls cantidad de  obstáculos que harían prácticamente imposible su deseo.

Le dijo que, en primer lugar, sus caballos de guerra resultarían demasiado altos para él, a lo que el joven replicó que podría marchar con la infantería.

  • Los samurais no marchamos a pié. Los soldados de infantería son campesinos, además tecostaría seguirles el paso.
  • Yo podría usar el arco desde algún lugar elevado.
  • Nosotros usamos el arco desde el caballo.
  • También podría usar la naginata. La onna busheida me dijo que ya estoy preparado para eso.

Viendo que no podía convencer al muchacho, Matsudaira le habló en forma más directa. Le comentó que un soldado inexperto tenía muchas posibilidades de morir en su primera batalla. Más aún los de corta estatura pues era frecuente que fueran aplastados por los caballos o por los guerreros con sus pesadas armaduras.

  • Pero peor aún – le dijo – si mueres nunca podrás volver a tu mundo real. Jamás te reencontrarás  con tus padres ni con sus amigos, tus seres queridos te llorarán por siempre. No podrás darles la alegría de reaparecer.

Eiqui no había reflexionado sobre esto, tal había sido su entusiasmo. Los planteos de su amigo dieron resultado. Su primer pensamiento fue para su tío, sus ojos se anegaron en lágrimas. No verlo más!!!.

Tomó conciencia del dolor que le causaría a su familia, demasiado estarían sufriendo ya por su desaparición, aunque al menos ahora todavía tendrían esperanza de encontrarlo.

  • He sido egoísta. Está bien, me quedaré a defender el castillo.. Volverán victoriosos, lo sé. Aunque muchos no regresarán, como pasa siempre en todas las guerras. No dejes que te maten amigo. Esperaré hasta que vuelvas y después regresaré a mi época.
  • Trataré de volver sano y salvo para despedirte… aunque el día que me toque morir quisiera que fuera en batalla. Es el mayor honor para un samurai, aunque espero que falte mucho para eso –¿estás seguro que ganaremos?
  • Totalmente. Estudiamos historia de Japón en la escuela.
  • ¿ Entonces sabes qué pasará en Osaka?. Cuéntame.
  • Verás, esta campaña se dividirá en dos, la de invierno y la de verano. Durante la primera, se les unirán ejércitos aliados. Los señores que se resistan serán vencidos y sus castillos tomados. Cuando lleguen a Osaka pondrán sitio al castillo de Toyotomi Hideyori. Pero él también tiene señores aliados y habrá muchos enfrentamientos, no será fácil. Cuando llegue el verano Hideyori querrá poner fin al sitio y mandará a sus generales a enfrentar a tu abuelo en las afueras de la fortaleza, en  Tennoji. Morirán muchos soldados de ambos lados porque ambas fuerzas cometerán grandes errores. Pero al final, aunque Ieyasu será herido por una lanza, vencerá y bombardeará el castillo con los cañones que les compró a los ingleses y a los holandeses. Cuando Toyotomi se entere que ha sido derrotado cometerá seppuku y su madre será asesinada por sus vasallos. Esta será la última vez que se enfrenten en batalla dos ejércitos de samurais. Luego vendrá un largo período de paz, el Shogunato durará más de 250 años.

Eiki evitó contarle que la consecuencia de no haber más guerras será nefasta para los samurais, no tendrán con quién ni por quién luchar. Comenzará la época de los ronines. No quiso entristecer a su amigo.

  • Bien, entonces partiré más tranquilo – respondió Matsudaira – aunque no sé si quiero saber tanto. Si no regreso quiero que sepas que siempre serás mi hermano del futuro…, o quizás mi descendiente, ambos somos Tokugawa. No es tan descabellado después de todo.
  • Es verdad. Si soy tu descendiente tendrás que sobrevivir a la batalla y tener hijos. ¿Qué tal si vamos a festejar abuelo?.

Y entre risas los dos jóvenes se encaminaron a la taberna.

VII

Un extraño samurai

Dos días después, al amanecer, una fría mañana de noviembre de 1614 todo el mundo estaba en el patio del castillo para despedir al ejército. Comenzaba la campaña de invierno contra Osaka. La infantería ya estaba en formación afuera del castillo. La caballería esperaba en el patio la orden de partida.

La escena era impresionante, los samurais con sus armaduras relucientes, montaban sus caballos de guerra enjaezados con vivos colores. Sus largas lanzas brillaban al sol. Las catanas y puñales envainados esperaban en sus cintos, el momento de actuar.

Los estandartes blancos y rojos con el escudo de armas del shogunato y el kanji samurai ondeaban al viento.  Al frente, se destacaba la imponente figura de su comandante,  Ideyasu Tokugawa con su enorme yelmo de cuernos dorados. A la derecha montaba su hijo Hidehata, el Shogun, a la izquierda Jüki, el padre de Matsudaira y detrás Kaori y los capitanes.

Eiki vestido con su traje de samurai, con el yelmo cónico con aletas y orejeras a los costados y el escudo del clan Tokugawa grabado en el centro, conformaba el comité de despedida junto a los demás defensores del castillo, viejos guerreros y las onna-bugeishas.

Estaba triste, qué no hubiera dado por cabalgar junto a su amigo rumbo a Osaka. Por primera vez en su vida maldijo ser un enano. Pensó que de nada le servía ser un Tokugawa si no podía ir a la guerra.

A la orden de Ideyasu el ejército se puso en marcha. Los jinetes desfilaban majestuosos ante el gentío que los vivaba. Al pasar frente a Eiki, Matsudaira lo saludó con la mano.

  • ¡¡¡Suerte hermano, te estaré esperando!!! – le gritó el muchacho.
  • ¡Nos vemos a la vuelta, festejaremos en la taberna!!! – le respondió el joven.

El ejército comenzó a salir del castillo con las cabalgaduras al paso. Los guardias estaban listos para levantar el puente levadizo cuando salieran los últimos guerreros.

De pronto, montado en un magnífico caballo de guerra negro, el rostro cubierto por el yelmo, un samurai se apartó de la fila y enfiló al galope hacia el comité de despedida.

El público lo miró atónito. Eiki alcanzó a pensar en un instante que conocía esa armadura. Cuando el jinete llegó junto a él, le tendió una mano y le dijo – ¡Pronto sube a la grupa!!!

  • ¡!!Tío Kenji!!! Como puede ser!!!
  • Rápido, te contaré en el camino!!!
  • Tío, sabes que  podemos morir en batalla, ¿verdad? Pero no me importa– dijo Eiki emocionado cuando recobró el aliento.
  • Tranquilo muchacho, eso es imposible, no existiríamos en el siglo XXI si nos mataran en el siglo XVII, no crees?

Y así, salieron a campo abierto y se unieron a la retaguardia.

Fin

Ada Gallardo es doctora en Medicina (ret) especializada en Anestesiología. Fue Jefa del Servicio de del Hospital San Martín hasta su retiro. Comenzó la práctica de Karate con Osensei Juan Carlos Rodriguez en el año 1994. Hoy ostenta el grado de 4° Dan de Karate Goju Ryu, que honra cada día de practica en el Dojo. En este cuento, su pasión por la cultura japonesa y por la literatura, se ponen de manifiesto, en la precisión histórica de su relato con ciertos tintes a Mark Twain y Gabriel García Marquéz.

Las ilustraciones de Nicolás Cheves, Licenciado en Diseño Gráfico de la UNLP, nos sumergen en la historia con variadas técnicas de dibujo que nuestro artista domina con soltura. Nicolás, actualmente es un 3° Kyu de la escuela, tan comprometido con la practica del Goju Ryu, como hace 20 años.

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