…el Hombre, el Padre, el Amigo, el Docente severo y gentil, agradecido a la nación que le dio la oportunidad de desarrollar su Karate tan lejos de sus maestros, pero tan cerca de sus convicciones.
Subí al avión con los ojos tan húmedos como el clima de la isla. Me esperaban 44 horas de viaje para llegar a occidente un día antes de haber salido. Okinawa me había atrapado pero Hanshi Yasuda me había dado la mejor lección de mi vida: Si alguien se toma el trabajo en venir a aprender debemos darle lo más valioso que tenemos: nuestro tiempo.